Revista Académica Institucional RAI
Sección Perspectiva
Edición 15
Volumen 9
ISSN: 2953-769X
Julio- Diciembre, 2026
LA
CIBERCONTABILIDAD EN LA ERA DIGITAL: PERSPECTIVAS ÉTICAS, TÉCNICAS Y DE
SEGURIDAD DE LA INFORMACIÓN EN COSTA RICA Y LATINOAMÉRICA
MAEd. Alejandro José Rodríguez Arguedas, [email protected]
Universidad San
Marcos, San José, Costa Rica
Código ORCID https://orcid.org/0009-0000-9470-9827
DOI:
https://doi.org/10.64183/3k95b916
Recibido: 16 de marzo de 2026
Aceptado: 22 de mayo de 2026
Resumen. La cibercontabilidad se ha
convertido en un concepto emergente que integrada la contabilidad tradicional
con tecnologías digitales y la ciberseguridad. Este artículo explora, desde una
perspectiva académica, las implicaciones éticas, técnicas y de seguridad de la
información asociadas a la transformación digital de la contaduría. Por lo
tanto, en la práctica profesional empresarial como en la docencia
universitaria. Mediante una metodología mixta (cuantitativa y cualitativa), se
analiza el estado del arte global y regional, incorporando un estudio de caso
aplicado en Costa Rica. Los hallazgos evidencian que la rápida digitalización
contable plantea dilemas éticos (como la confidencialidad de datos y la
transparencia algorítmica), desafíos técnicos (adopción de contabilidad 4.0,
Inteligencia artificial, blockchain, computación en la nube) y riesgos
significativos de ciberseguridad en la protección de la información financiera.
En el contexto costarricense y latinoamericano, se observa una brecha entre la
evolución tecnológica y los marcos normativos que se encuentran vigentes, así
como una necesidad de fortalecer la formación profesional en ética digital. Se
concluye con recomendaciones que son más puntuales para la academia, el gremio
contable y las políticas públicas, orientadas a promover una cultura de
innovación responsable, mejorando los controles de seguridad en la gestión
financiera y actualizando las competencias del contador público para enfrentar
cada uno de los retos de la era digital.
Palabras clave. Cibercontabilidad, Ética Profesional,
Seguridad de la Información, Transformación Digital, Contabilidad 4.0, Costa
Rica, Educación Contable.
CYBERACCOUNTING IN THE DIGITAL
ERA: ETHICAL, TECHNICAL, AND INFORMATION SECURITY PERSPECTIVES IN COSTA RICA
AND LATIN AMERICA
MAEd. Alejandro José Rodríguez Arguedas, [email protected]
Received: March 16, 2026
Accepted: May 22, 2026
Abstract. Digital accounting has become an emerging concept that
integrates traditional accounting with digital technologies and cybersecurity.
This article explores, from an academic perspective, the ethical, technical,
and information security implications associated with the digital
transformation of accounting, both in professional business practice and
university teaching. Using a mixed methodology (quantitative and qualitative),
the global and regional state of the art is analyzed, incorporating a case study
applied in Costa Rica. The findings demonstrate that the rapid digitization of
accounting raises ethical dilemmas (such as data confidentiality and
algorithmic transparency), technical challenges (adoption of accounting 4.0,
artificial intelligence, blockchain, and cloud computing), and significant
cybersecurity risks to the protection of financial information. In the Costa
Rican and Latin American context, a gap is observed between technological
evolution and current regulatory frameworks, as well as a need to strengthen
professional training in digital ethics. It concludes with more specific
recommendations for academia, the accounting profession, and public policy,
aimed at promoting a culture of responsible innovation, improving security
controls in financial management, and updating the skills of public accountants
to face each of the challenges of the digital age.
Keywords.
Cyber accounting, Professional ethics, Information
security, Digital transformation, Accounting 4.0, Costa Rica, Accounting
education.
En las últimas décadas, la
profesión contable ha experimentado una transformación profunda impulsada por
la digitalización de procesos, la automatización y la globalización de los
negocios. Este fenómeno, conocido en ocasiones como Contabilidad 4.0 o simplemente
contabilidad digital, implica la integración de tecnologías avanzadas como la
inteligencia artificial (IA), el big data, blockchain y sistemas en la nube en
funciones que son más tradicionales de registro, análisis financiero y de
auditoría. La promesa de estas tecnologías es una mayor eficiencia, precisión y
rapidez en el procesamiento de la información financiera. Sin embargo, su
adopción conlleva una serie de desafíos éticos y de seguridad que deben ser
abordados para que se mantenga la integridad, la transparencia y la
confiabilidad de la información contable.
Uno de los problemas centrales
identificados es la aparición de nuevos riesgos y dilemas éticos asociados al
uso de tecnología en contabilidad. Estudios recientes señalan la existencia de
vacíos en los marcos normativos y deontológicos frente a las tecnologías
emergentes: por ejemplo, la falta de transparencia en los algoritmos utilizados
para análisis financiero automatizado, los riesgos para la confidencialidad de
datos contables sensibles y la posible delegación excesiva de responsabilidades
en sistemas de IA sin supervisión humana adecuada. La rápida evolución
tecnológica no siempre ha sido acompañada por actualizaciones proporcionales en
los códigos de ética profesional o en la regulación, generando una desconexión
entre la innovación y la normativa vigente. Este desfase plantea el riesgo de
una eventual “desprofesionalización” del contador si sus funciones críticas son
incluidas por sistemas automáticos y la subordinación de los principios éticos
a lógicas puramente eficientes o comerciales. Por ello, organismos
internacionales como la Junta Internacional de Ética para Contadores (IESBA,
por sus siglas en inglés) han estudiado los impactos de tecnologías disruptivas
(IA, blockchain, computación en nube, etc.) sobre la ética profesional,
emitiendo recomendaciones para reforzar la confianza pública y adaptar el
Código de Ética a estos nuevos desafíos.
Paralelamente, la seguridad de la
información ha emergido como una preocupación de primera línea en el ámbito
contable. Los sistemas contables digitales, al igual que otras infraestructuras
críticas, se han vuelto objetivos recurrentes de ciberataques que pueden
comprometer datos financieros, interrumpir operaciones e incluso erosionar la
confianza en los informes financieros. Incidentes recientes han demostrado las
graves consecuencias de las brechas de seguridad: por ejemplo, Costa Rica
sufrió en 2022 una serie de ciberataques de tipo ransomware contra sistemas
gubernamentales (incluyendo el Ministerio de Hacienda), lo que obligó a
desactivar las plataformas informáticas de recaudación tributaria y control
aduanero, paralizando el comercio e impidiendo servicios en línea. Se estimaron
pérdidas económicas cercanas a los $30 millones diarios durante la interrupción
de estas operaciones. La situación escaló al punto de declarar un estado de
emergencia nacional por parte del Gobierno costarricense, al reconocer que
estos ataques comprometían la continuidad del sector público y la seguridad
económica del país. Este caso, que se analiza con mayor detalle más adelante,
ejemplifica la vulnerabilidad de los sistemas contables y financieros ante
amenazas cibernéticas sofisticadas, y subraya la urgencia de robustecer las
defensas de ciberseguridad en entornos contables.
En el entorno latinoamericano y
costarricense, la temática de la cibercontabilidad adquiere características
particulares. Si bien la digitalización avanza en la región, existen brechas
significativas en recursos tecnológicos, capacitación y concienciación sobre
seguridad. Por ejemplo, Costa Rica ha impulsado la modernización de sus
procesos contables y fiscales a través de la facturación electrónica
obligatoria desde 2018, lo que marcó un hito en la transformación digital
empresarial y tributaria del país. No obstante, junto a estos avances,
persisten desafíos como la limitada inversión en ciberseguridad en muchas
organizaciones, la escasez de profesionales con competencias tecnológicas
avanzadas, y un marco legal en evolución (leyes de protección de datos
personales y normativa de delitos informáticos) que busca ponerse al día con
las amenazas emergentes.
2. TESIS
Desde una perspectiva académica
latinoamericana crítica, autores contemporáneos enfatizan la necesidad de
analizar estos fenómenos considerando las realidades locales y las
implicaciones socioeconómicas. Se plantea que la adopción acrítica de
tecnologías desarrolladas en otros contextos puede no garantizar ni la ética ni
la seguridad en nuestra región, si no se adapta a las condiciones culturales,
educativas y regulatorias propias. En respuesta, han surgido iniciativas para “latinamericanizar” la discusión, incorporando visiones
decoloniales y reflexivas sobre cómo la contabilidad digital puede servir al
interés público en América Latina, evitando reproducir desigualdades o
dependencias tecnológicas externas. Esto implica, por ejemplo, fomentar una
perspectiva ética latinoamericana que priorice la transparencia, la justicia y
la inclusión digital, así como investigaciones locales que documenten casos,
brechas y mejores prácticas en nuestros países.
Planteamiento del problema:
considerando lo anterior, el problema investigativo que aborda este artículo es
cómo equilibrar e integrar adecuadamente las dimensiones éticas, técnicas y de
seguridad de la información en la práctica contable digital, de modo que la
profesión contable pueda aprovechar las ventajas de la tecnología sin menoscabo
de sus valores fundamentales ni de la confianza pública. Este problema se
manifiesta en preguntas concretas tales como: ¿Están los contadores y las
empresas preparados para mitigar los riesgos cibernéticos asociados a la
contabilidad electrónica? ¿Cómo se están formando los futuros contadores en las
competencias digitales y éticas que exige la era de la información? ¿Qué
lecciones aporta el caso costarricense al debate global sobre ciberseguridad
contable?
3. ARGUMENTOS
Desafíos éticos en la era de la
cibercontabilidad
La ética profesional en
contabilidad siempre ha enfatizado valores como la integridad, objetividad,
confidencialidad, competencia y comportamiento profesional. Estos principios
están recogidos en códigos de ética internacionales (el Código de Ética de la
IESBA) y nacionales (como el Código de Ética Profesional del Contador Público
Autorizado en Costa Rica). Con la entrada de las tecnologías digitales en el
ejercicio contable, dichos principios enfrentan nuevos contextos y situaciones
límite que requieren interpretación y, en algunos casos, ampliación o ajuste de
las normas deontológicas.
Uno de los dilemas éticos más
citados es el de la transparencia algorítmica. Cuando las decisiones contables
o financieras (por ejemplo, detección de fraudes, evaluación crediticia,
estimaciones contables) son asistidas por algoritmos de IA o aprendizaje
automático, surge la pregunta de cómo asegurar que dichos algoritmos operen
bajo criterios justos, verificables y alineados con los valores de la
profesión. Hurtado-Guevara et al. (2023), tras una revisión sistemática de
literatura entre 2015 y 2024, señalan que la “falta de transparencia
algorítmica” es un problema ético relevante: los contadores pueden verse
utilizando herramientas cuyo funcionamiento no comprenden del todo, lo que
dificulta identificar sesgos o errores y diluye la responsabilidad profesional.
Asociado a esto está la delegación indebida de responsabilidades a sistemas
automatizados: confiar ciegamente en un software para decisiones que afectan la
razonabilidad de los estados financieros puede contravenir el principio de
diligencia y escepticismo profesional. En ningún caso la tecnología debe
convertir al contador en un “operador pasivo”; por el contrario, el profesional
sigue siendo responsable de los reportes emitidos, y éticamente debe asegurar
que entiende y supervisa las herramientas que utiliza.
Otro frente ético crítico es el de
la confidencialidad y privacidad de la información. La contabilidad maneja
datos sensibles de personas y empresas (ingresos, propiedades, estrategias
fiscales, etc.), cuya divulgación no autorizada puede tener implicaciones
legales y reputacionales. En entornos digitales, estos datos están almacenados
en sistemas que pueden ser objeto de intrusiones o fugas. La ética en
cibercontabilidad demanda no solo la obligación tradicional de guardar secreto
profesional, sino también la proactividad en proteger los datos mediante buenas
prácticas de seguridad (encriptación, controles de acceso) y el cumplimiento de
marcos legales de protección de datos personales. En Latinoamérica, varios
países han legislado en años recientes para tutelar la privacidad (por ejemplo,
la Ley de Protección de la Persona frente al Tratamiento de sus Datos
Personales en Costa Rica, la Ley General de Protección de Datos de Brasil, las
normativas de habeas data en países andinos, etc.). Estas leyes exigen a los
contadores, en tanto custodios de información financiera personal, un deber
ético-jurídico de resguardo de dichos datos. Además, plantean el principio de
minimización de datos, es decir, recolectar y conservar solo la información
necesaria y durante el tiempo requerido, algo que también desafía la mentalidad
tradicional de “guardar todo” en contabilidad.
La independencia y objetividad del
profesional contable enfrenta asimismo retos sutiles en la era digital. Por
ejemplo, el uso de herramientas de big data y analítica puede exponer al
contador a informaciones adicionales (trends de
mercado, redes sociales, etc.) que podrían sesgar su juicio al preparar
proyecciones o estimaciones contables. O la adopción de software patrocinado
por ciertas empresas tecnológicas podría generar conflictos de interés si el
profesional se vuelve dependiente de un solo proveedor. Aquí, la ética requiere
mantener la objetividad y la independencia mental, más allá de las influencias
de la tecnología empleada. La competencia profesional es otro principio que
cobra nueva vida: los contadores ahora tienen la obligación ética de “mantener
sus conocimientos y habilidades al día” no solo en normativa contable sino en
materia tecnológica. No estar actualizado en tendencias como ciberseguridad o
sistemas de información podría implicar una falta ética por negligencia, ya que
se expondría la información de clientes o se brindaría un servicio inferior al
estándar esperado en la actualidad.
Hurtado-Guevara et al. (2023)
concluyen que existe una brecha formativa importante en ética digital dentro de
la profesión contable. Muchos contadores en ejercicio y estudiantes de
contaduría no han recibido educación suficiente sobre cómo aplicar los principios
éticos en contextos de sistemas informáticos, inteligencia artificial o redes
sociales. Este vacío educativo puede traducirse en comportamientos poco éticos
(aunque sea por desconocimiento) como, por ejemplo, el uso inadecuado de datos
masivos, la falta de atención a alertas de ciberseguridad, o la adopción de
tecnologías sin evaluar sus implicaciones éticas. La discusión académica
latinoamericana advierte incluso que, de no tomar acciones, podríamos ver una
subordinación de la ética a la eficiencia tecnológica –es decir, priorizar la
rapidez y conveniencia de la automatización por encima de los valores éticos y
del juicio profesional crítico– lo cual sería altamente perjudicial para la
credibilidad de la información financiera.
Afortunadamente, se vislumbran
soluciones y esfuerzos en marcha para afrontar estos desafíos éticos. A nivel
global, la IESBA emitió en 2022 un informe final con recomendaciones concretas
para incorporar en el Código de Ética temas relacionados con tecnología. Entre
las recomendaciones está clarificar la responsabilidad del profesional en la
utilización de outputs de IA, fortalecer las guías sobre confidencialidad de
información en entornos en la nube, y promover principios de transparencia en
la divulgación de uso de expertos o sistemas en la realización de tareas
profesionales. A nivel local, los colegios y asociaciones contables de la
región han comenzado a difundir guías de buenas prácticas. Por ejemplo, el
Instituto Mexicano de Contadores Públicos (IMCP) ha enfatizado la necesidad de
fortalecer las competencias digitales del gremio, no solo técnicas sino también
éticas, instando a sus miembros a capacitarse en el manejo responsable de
tecnologías. De igual forma, en Colombia, la Junta Central de Contadores ha
incluido contenidos sobre ética y TIC en sus programas de desarrollo
profesional continuo.
En Costa Rica, el Colegio de
Contadores Públicos ha reconocido los riesgos del uso de herramientas
tecnológicas sin la debida preparación ética y técnica, advirtiendo a sus
agremiados sobre, por ejemplo, el uso de inteligencia artificial en la
elaboración de informes financieros, que, si bien puede acelerar ciertas
tareas, no exime al profesional de su juicio y responsabilidad éticos.
Iniciativas de formación en ética informática y cibernética (ética aplicada a
entornos cibernéticos) están surgiendo en las universidades y colegios
profesionales del país, como parte de la respuesta a esta necesidad.
En resumen, la cibercontabilidad
desafía a la profesión contable a reafirmar y adaptar sus valores éticos en un
mundo digital. Los principios tradicionales siguen siendo válidos, pero deben
interpretarse en contextos nuevos. La profesión debe rechazar firmemente la
idea de que “la tecnología lo hace todo” y, en cambio, abrazar una cultura
ética digital, donde la tecnología sea utilizada como herramienta bajo la
supervisión y criterio del contador, manteniendo siempre la primacía del
interés público, la transparencia y la calidad de la información financiera.
Seguridad de la información y
ciberseguridad en la contabilidad
La seguridad de la información es
un pilar intrínseco de la cibercontabilidad, dado que la confianza en los
informes financieros depende de la integridad, disponibilidad y
confidencialidad de los datos que los sustentan. En la era digital, estas
propiedades deben garantizarse frente a un abanico creciente de amenazas
cibernéticas. Entre las principales amenazas que enfrentan los sistemas
contables digitalizados se encuentran: el malware (software malicioso,
incluyendo virus, ransomware y spyware), las intrusiones no autorizadas
(ataques de hackers buscando robar o alterar información), el phishing dirigido
al personal contable (engaños por correo electrónico para obtener credenciales
o pagos fraudulentos) y las fallas o sabotajes internos (empleados o exempleados
que abusan de su acceso a los sistemas).
Un estudio empírico reciente
realizado en Ecuador por Calle-Tenesaca y Andrade-Amoroso (2024) examinó la
exposición a riesgos cibernéticos en empresas comerciales y las medidas de
mitigación tomadas por sus áreas contables. Entre sus hallazgos destaca que
“las amenazas más comunes incluyen intrusiones internas y malware” en los
sistemas financieros, y si bien la mayoría de empresas encuestadas reportó
realizar actualizaciones de software y capacitación de personal en seguridad
informática, persistía “preocupación por la preparación ante amenazas
cibernéticas y una asignación limitada de presupuesto para ciberseguridad”. En
particular, se identificaron debilidades en la implementación de controles
internos de seguridad y la necesidad de mayor inversión en tecnología de
protección. Estas conclusiones reflejan una realidad extendida en
Latinoamérica: muchas organizaciones (en especial Pymes) aún destinan recursos
insuficientes para proteger sus datos contables, subestimando el impacto
potencial de los incidentes de seguridad.
La situación antes descrita se vio
dramáticamente ilustrada por el caso de Costa Rica 2022 mencionado en la
introducción. El ataque del grupo Conti afectó sistemas claves como la
plataforma TICA de aduanas y el portal ATV de administración tributaria, dejando
inoperantes servicios durante semanas. Como resultado, trámites que normalmente
se realizaban en línea tuvieron que revertirse a procesos manuales, generando
cuellos de botella en la administración pública, parálisis temporal del
comercio exterior y perjuicios económicos sustanciales. Este incidente reveló
que incluso un país catalogado de ingreso medio alto como Costa Rica puede ser
altamente vulnerable si no cuenta con una estrategia robusta de ciberseguridad
a nivel estatal y empresarial. De hecho, expertos locales señalaron que lo
ocurrido marcó “el comienzo de una era de ciberataques sin precedentes”,
instando a aprender la lección y mejorar la resiliencia digital. Tras los
ataques, se reforzaron las alianzas internacionales para recibir asistencia técnica
en la recuperación de sistemas y se aceleró la discusión de una estrategia
nacional de ciberseguridad.
En el ámbito corporativo privado,
la seguridad de la información contable implica establecer un sistema de
control interno enfocado en TI. Tradicionalmente, el control interno en
contabilidad se ha preocupado de salvaguardar activos, separar funciones, asegurar
registros fidedignos, etc. Ahora, a eso se suma garantizar que los sistemas
informáticos contables tengan medidas de seguridad como: autenticación robusta
de usuarios (múltiple factor de autenticación), roles y privilegios
correctamente asignados (para que cada usuario solo acceda a lo necesario),
cifrado de datos sensibles en bases de datos y respaldos, monitoreo activo de
accesos y transacciones inusuales, firewalls y antivirus actualizados, planes
de continuidad del negocio y respaldo de información (copias de seguridad
periódicas protegidas contra ransomware), entre otros. Un elemento crítico es
la ciber higiene del personal: así como se entrena a los empleados en ética,
también deben entrenarse en prácticas seguras, por ejemplo, reconocer intentos
de phishing, usar contraseñas seguras, no instalar software no autorizado,
respetar las políticas de la empresa sobre uso de dispositivos USB, etc. La
cultura de seguridad es tanto o más importante que la tecnología implementada.
Como parte de la respuesta
internacional, instituciones como la Federación Internacional de Contadores
(IFAC) han enfatizado la relevancia de que los contadores adquieran
conocimientos básicos en ciberseguridad y colaboren estrechamente con los
departamentos de TI en la gestión de riesgos. En una entrevista de IFAC,
Oppenheim y Brinich (2023) recalcan que “no es cuestión de si [una empresa]
sufrirá un ciberataque, sino cuándo”, y que los contadores, al manejar
información financiera sensible, deben saber salvaguardar esos datos y apoyar
la mitigación de riesgos en toda la organización. De hecho, la gestión efectiva
de sistemas de control interno hoy día incluye la prevención y detección de
intrusiones cibernéticas como parte del rol del contador de gestión en conjunto
con TI. Los contadores, por su formación, aportan fuertes habilidades
analíticas que les permiten dimensionar riesgos y proponer controles;
tradicionalmente han sido garantes de la fidelidad de la información, y esa
responsabilidad ahora abarca también la seguridad de la información.
Normativamente, los estándares de
auditoría financiera han incorporado consideraciones explícitas sobre riesgos
de TI. Por ejemplo, la Norma Internacional de Auditoría (NIA) 315 revisada
exige a los auditores comprender el entorno de TI de la entidad y considerar
riesgos derivados de este, incluyendo riesgos de ciberseguridad, al identificar
riesgos de declaración equivocada material. Ignorar la posibilidad de fraudes o
errores debido a ataques informáticos sería una deficiencia en la planificación
de la auditoría. En consecuencia, hoy es común que las firmas de auditoría
incluyan especialistas en TI (auditores de sistemas) en sus equipos, o que
utilicen herramientas informáticas en la selección de muestras y pruebas de
control generales de TI.
En Latinoamérica, diversas
iniciativas buscan mejorar la postura de seguridad en el ámbito contable y
financiero. Países como Chile, México, Colombia y el propio Costa Rica han
emitido en los últimos años guías o normas sectoriales sobre ciberseguridad en
entidades financieras, algunas de las cuales son aplicables indirectamente a
departamentos de contabilidad (por ejemplo, regulaciones sobre protección de
información financiera de clientes, que deben observar también las áreas
contables al manejar datos). Además, la Asociación Interamericana de
Contabilidad (AIC) ha desarrollado seminarios y documentos técnicos para
sensibilizar a los contadores de la región sobre la ciberseguridad. Un
documento de AIC destaca que “la contabilidad está experimentando una
transformación significativa... en América Latina, los contadores deben asumir
un papel activo frente al desafío de la ciberseguridad, actualizándose y
compartiendo responsabilidad con las áreas de TI”. Esto resalta que la
ciberseguridad no puede delegarse únicamente al personal técnico; dado que los
procesos contables son los que podrían verse afectados, los contadores deben
involucrarse en su protección.
Algunas buenas prácticas propuestas
específicamente para contabilidad y auditoría incluyen: realizar auditorías
informáticas preventivas (simular ataques o evaluar vulnerabilidades en los
sistemas contables antes de que ocurran incidentes); implementar controles
automatizados dentro de los software contables (por ejemplo, alertas cuando se
modifica un asiento histórico, o límites para transacciones inusuales);
establecer planes de respuesta a incidentes que contemplen la continuidad de
las operaciones contables (¿cómo facturar o pagar nómina si el sistema está
caído? hay que tener procedimientos alternos); y, muy importante, adquirir
ciberseguros cuando sea pertinente, para transferir parcialmente el riesgo
financiero de ciertos ataques.
4. CONCLUSIONES
En conclusión, la seguridad de la
información en cibercontabilidad es un componente no negociable para
salvaguardar la calidad y confianza de la información financiera. Un sistema
contable digitalmente avanzado pero inseguro es una paradoja peligrosa. Por
ello, la evolución hacia la contabilidad digital debe ir acompañada de una
evolución paralela en los mecanismos de seguridad y en la conciencia tanto de
contadores como de sus clientes y organizaciones acerca de la
ciber-resiliencia. La lección de casos como el de Costa Rica es clara: invertir
en ciberseguridad es invertir en la continuidad del negocio y en la confianza
del mercado. La siguiente sección abordará cómo estas dimensiones éticas,
técnica y de seguridad se integran en la práctica mediante la metodología de
investigación adoptada y el estudio de caso en Costa Rica.
Perspectiva latinoamericana y
contexto costarricense
Si bien los grandes temas de la
cibercontabilidad (digitalización, ética, seguridad) son globales, es crucial
analizarlos bajo la perspectiva latinoamericana, incorporando voces de autores
y realidades de la región. Latinoamérica presenta contextos socioeconómicos
diversos, con contrastes entre países más avanzados tecnológicamente y otros
rezagados, pero comparte ciertos desafíos históricos: limitaciones
presupuestarias en instituciones, desigualdades en acceso a la tecnología,
marcos legales en desarrollo y, en el ámbito contable, una profesión que ha ido
adoptando estándares internacionales (IFRS, ISA) pero que enfrenta el reto de
adaptar la formación y el ejercicio a las demandas tecnológicas actuales.
Una aportación característica de la
perspectiva latinoamericana es la mirada crítica y contextual. Por ejemplo,
autores como Salcedo (2021) y Tapia (2022) –representando la llamada
“contabilidad crítica” en la región– argumentan que la transformación digital
debe evaluarse no solo en términos de eficiencia empresarial, sino también en
cómo impacta a las personas (trabajadores contables, estudiantes, pequeños
empresarios) y a la soberanía tecnológica de nuestros países. Existe el riesgo,
señalan, de una dependencia tecnológica de soluciones importadas (software de
contabilidad extranjeras, servicios en la nube de corporaciones globales) sin
desarrollo local, lo cual puede generar vulnerabilidades estratégicas y
transferencia inadvertida de datos sensibles fuera de jurisdicciones
nacionales. Este enfoque crítico invita a impulsar la innovación regional en
cibercontabilidad (desarrollo de software contable local, normativas de
localización de datos) y a incluir en las decisiones éticas consideraciones de
equidad (por ejemplo, cómo la automatización afecta el empleo contable en la
región, o cómo proteger a poblaciones contables de menores recursos frente al
ciberdelito).
En Costa Rica, el contexto de
cibercontabilidad viene marcado por un sector de servicios financieros
relativamente desarrollado, una alta penetración de Internet y una
institucionalidad sólida, pero también por brechas en ciberseguridad
evidenciadas recientemente. El país cuenta con un Colegio de Contadores
Públicos que ha ido incorporando capacitaciones en NIIF electrónicas,
facturación digital y recientemente en protección de datos y ciberseguridad.
Universidades públicas y privadas han actualizado sus currículos de contaduría
para incluir cursos de sistemas de información contable, auditoría informática
e incluso certificaciones internacionales (como MOS, SAP, etc.) para sus estudiantes.
A nivel de política pública, Costa Rica promulgó en 2011 la Ley 9048 de Delitos
Informáticos y en 2019 actualizó su Estrategia Nacional de Ciberseguridad,
creando el CSIRT (Equipo de Respuesta a Incidentes de Seguridad) nacional, lo
que provee un marco dentro del cual se manejan incidentes que pueden afectar a
múltiples sectores, incluido el financiero-contable.
Un componente singular del contexto
costarricense es la fuerte interrelación entre contabilidad gubernamental y
digitalización. El Gobierno Digital ha impulsado sistemas como el SICOP (para
compras públicas) y el SIGAF (para la gestión financiera pública) que integran
de manera electrónica las operaciones contables del Estado. Esto es positivo en
transparencia y eficiencia, pero también convierte a la hacienda pública en un
objetivo atractivo para ciberataques motivados políticamente o por lucro (como
fue el caso del ransomware que cifró datos del Ministerio de Hacienda en 2022).
Por tanto, la contabilidad pública costarricense se ha visto obligada a adoptar
estándares de ciberseguridad a la par de su modernización (ej.: el Ministerio
de Hacienda fortaleciendo sus respaldos externos y protocolos de recuperación
tras el ataque). Este caso costarricense sirve de estudio de caso no solo local
sino regional, pues otros países han tomado nota de la experiencia para revisar
sus medidas de seguridad en las tesorerías y administraciones tributarias.
Desde la mirada latinoamericana,
también es menester resaltar enfoques de contabilidad social y ética
latinoamericana que se preguntan cómo la tecnología puede ser un habilitador
para mejores prácticas de transparencia y rendición de cuentas. Por ejemplo, en
países con problemas de corrupción, la implementación de sistemas contables
digitales con trazabilidad (incluso mediante blockchain) podría dificultar la
manipulación de cuentas públicas. Costa Rica, con un índice de transparencia
relativamente alto en la región, podría liderar en la adopción de tecnologías
para garantizar la pureza de los registros contables públicos y privados. Sin
embargo, ello requiere marcos éticos robustos: que el afán de modernización no
atropelle principios de participación o control ciudadano. La perspectiva
latinoamericana crítica sugiere incluir en los procesos de digitalización a las
comunidades profesionales locales, a la academia y a la sociedad civil, para
lograr soluciones pertinentes.
Finalmente, es relevante mencionar
la cooperación regional. Latinoamérica, frente a amenazas comunes (fraudes
financieros transnacionales, ciberataques a bancos centrales, etc.), ha
comenzado a formar redes de colaboración. En contabilidad, la AIC agrupa
colegios de contadores de casi todos los países de la región y ha propiciado
intercambios en materia de tecnología. Costa Rica, por medio de convenios con
otros países y organismos internacionales (como el BID o la OEA), ha
participado en proyectos para mejorar la ciber resiliencia de sus instituciones
financieras. Estas colaboraciones permiten compartir mejores prácticas, alertas
tempranas de amenazas y hasta ejercicios conjuntos de seguridad. Una visión
latinoamericanista de la cibercontabilidad promueve precisamente esa
solidaridad regional en la capacitación y defensa contra riesgos cibernéticos,
entendiendo que los delitos informáticos no respetan fronteras.
En síntesis, la perspectiva
latinoamericana aporta un enfoque holístico que complementa los desarrollos
globales de la cibercontabilidad. Contextualiza los principios a nuestra
realidad, advierte sobre riesgos específicos (brechas digitales, dependencias
tecnológicas) y orienta las soluciones hacia la inclusión, la soberanía y la
cooperación. El caso costarricense, con sus avances y lecciones aprendidas, se
convierte en un aporte valioso a la región. Sobre esta base teórica, en la
siguiente sección se describen la metodología empleada en la presente
investigación para articular todos estos elementos y los detalles del estudio
de caso aplicado.
Cibercontabilidad en la docencia
universitaria
Un eje central para lograr que la
cibercontabilidad sea exitosa en la práctica es la formación académica de los
futuros contadores. Las universidades y centros de formación profesional tienen
el reto de actualizar sus planes de estudio para incluir las competencias
digitales y conocimientos interdisciplinares que el mercado y la sociedad
demandan. En Costa Rica y Latinoamérica, la docencia universitaria en
contaduría ha ido incorporando gradualmente cursos y contenidos relacionados
con sistemas de información contable, herramientas tecnológicas (como Excel
avanzado, software ERP) y auditoría de TI. No obstante, según diversos
diagnósticos, aún existe un camino por recorrer para integrar plenamente las
temáticas de ciberseguridad, analítica de datos y ética tecnológica en el
currículo contable.
A raíz de la pandemia de COVID-19
(2020-2021), muchas facultades de ciencias económicas en la región aceleraron
la virtualización y el uso de plataformas digitales, lo cual puso de relieve la
necesidad de competencias digitales tanto en docentes como en estudiantes de
contabilidad. Un estudio sobre educación contable en la era digital (Jubones et
al., 2021) reveló que la tecnología está “transformando profundamente la
formación contable, permitiendo la personalización del aprendizaje” y ampliando
las herramientas a disposición, pero que persisten brechas en el acceso y en la
capacitación pedagógica para su uso. En Costa Rica, universidades como la
Universidad de Costa Rica (UCR) y el Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR)
han incorporado laboratorios de software contable, simuladores de negocios
digitales e incluso componentes de programación básica en algunas maestrías de
gestión contable. Esto apunta en la dirección correcta.
La educación en ciberseguridad para
contadores es un aspecto neurálgico. Tradicionalmente, la seguridad informática
se veía como dominio exclusivo de ingenieros en sistemas. Sin embargo, hoy se
reconoce que los contadores deben al menos comprender los principios básicos
(por ejemplo, qué es encriptación, qué son controles de acceso, cómo
identificar un correo malicioso, etc.) para poder desempeñar su rol sin exponer
información sensible. IFAC reporta que a nivel global “los académicos están
trabajando para preparar a los estudiantes para el nuevo entorno laboral...
exponiendo a los estudiantes a los avances tecnológicos y los riesgos
correspondientes es de alta prioridad”. Muchas universidades en el mundo han
respondido agregando asignaturas de analítica de datos y TI aplicada a
contabilidad, que suelen incluir módulos de evaluación de riesgos y fraude
digital. Este modelo está siendo replicado en Latinoamérica: por ejemplo, en
Perú una universidad integró en su curso de Contabilidad Computarizada no solo
el uso de software sino la reflexión sobre la ética y seguridad en entornos
digitalizados (Castillo, 2023).
En Costa Rica, la formación de
contadores públicos autorizados exige cumplir con horas de educación continua
anualmente. El Colegio de Contadores ha comenzado a ofrecer dentro de esa
oferta de educación continua charlas y cursos sobre “Controles Internos y
Ciberseguridad para Contadores”, “Normativa de Protección de Datos Personales y
su impacto en la Auditoría”, entre otros. Asimismo, se ha evidenciado un
creciente interés de estudiantes por proyectos de graduación relacionados con
TI; por ejemplo, tesis sobre la implementación de sistemas contables en la nube
para Pymes, o sobre análisis forense digital aplicado a investigaciones de
fraudes contables. Estas son señales positivas de que la academia costarricense
está respondiendo a la evolución del perfil profesional.
Autores latinoamericanos abogan por
un rediseño curricular integral. Hurtado-Guevara et al. (2023) concluyen en su
estudio que es “urgente actualizar los códigos de ética profesional, rediseñar
la formación académica y promover una cultura crítica” en la formación de
contadores, para gestionar la innovación tecnológica de manera ética y
sostenible. Es decir, se propone no solo añadir cursos sueltos, sino repensar
toda la malla curricular bajo una visión que integre contabilidad,
administración, tecnología y humanismo. Algunos elementos sugeridos para esta
integración incluyen: aprendizaje basado en proyectos de sistemas de
información reales; colaboración interdisciplinaria con estudiantes de
informática o ingeniería en proyectos comunes (por ejemplo, desarrollar juntos
un pequeño sistema contable); simulaciones de ciberataques en contextos
contables para aprender respuestas; debate de casos éticos sobre IA en
contabilidad; e incorporación de certificaciones internacionales (como la
Certificación en Ciberseguridad y Prácticas de Datos que ofrece la IMA,
mencionada por Oppenheim, 2023) como parte del programa.
Un ejemplo de mejora curricular lo
brinda la Universidad Intercontinental de México (Perez Herrera, 2025), donde
la Licenciatura en Contaduría y Finanzas incorpora desde los primeros semestres
contenidos en tecnologías de la información, auditoría digital y gestión de
riesgos, con un enfoque integral y docentes especializados. Programas similares
podrían adaptarse al contexto costarricense, aprovechando nuestra tradición
educativa de calidad. Además, entes como la Agencia Nacional de Acreditación
(SINAES, en Costa Rica) podrían actualizar sus criterios de evaluación de
carreras de contaduría para incluir la pertinencia tecnológica.
Finalmente, cabe destacar que la
docencia universitaria en cibercontabilidad no solo beneficia a los
estudiantes, sino que puede irradiar hacia la profesión en general a través de
la extensión y educación continua. Universidades pueden ofrecer diplomados o
cursos abiertos en contabilidad digital para profesionales ya graduados, o
asesorar a empresas en implementación de buenas prácticas. La convergencia de
academia, sector privado y organismos profesionales en eventos, congresos y
publicaciones sobre estos temas es sumamente valiosa para difundir el
conocimiento. En Costa Rica, la Universidad de Costa Rica y la Universidad
Nacional han organizado en conjunto con el Colegio de Contadores Públicos
simposios sobre Tecnología y Contabilidad que abordan temas de Fintech,
ciberseguridad y analítica, reflejando la importancia de estas alianzas.
En resumen, la docencia
universitaria en contabilidad enfrenta el desafío impostergable de formar
contadores competentes digitalmente y conscientes éticamente. Los avances ya
iniciados deben profundizarse y sistematizarse, de forma que los egresados costarricenses
y latinoamericanos salgan preparados no solo para llevar libros, sino para
gestionar sistemas, proteger datos y guiar a sus organizaciones en un entorno
digital complejo. La siguiente sección presentará la metodología empleada en
esta investigación, la cual busca precisamente articular una mirada
teórico-empírica sobre cómo la práctica contable y la enseñanza contable están
abordando (o deberían abordar) estos retos.
CITAS
Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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R. F., Almeida-Blacio, J. H., & López-Pérez, P. J. (2023). Desafíos éticos
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