Revista Académica Institucional RAI
Sección Escritos especializados
Edición 15
Volumen 9
ISSN: 2953-769X
Julio- Diciembre, 2026
IMPACTO DE LOS
RASGOS DE PERSONALIDAD EN LOS PROCESOS EDUCATIVOS: UNA APROXIMACIÓN PSICOLÓGICA
DESDE EL MODELO DE CINCO FACTORES
Edi
Adrián Brenes Fallas, [email protected]
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Costa Rica, Machine Learning Data Associate, San José, Costa Rica
Código
ORCID https://orcid.org/0009-0001-8188-5108
DOI: https://doi.org/10.64183/stdecz73
Recibido:
23 de febrero de 2026
Aceptado:
29 de mayo de 2026
Resumen. El
presente ensayo tiene como objetivo analizar la influencia de los cinco grandes
rasgos de personalidad en problemáticas recurrentes del ámbito educativo, así
como proponer alternativas que fortalezcan tanto el desempeño académico como el
desarrollo socioemocional de los estudiantes. A partir de una revisión de
literatura científica y de documentos oficiales, se identificaron situaciones
de especial relevancia como el bullying, la baja confianza académica, el
desinterés por los contenidos escolares y las dificultades en el trabajo en
equipo. Cada problemática se relacionó con rasgos específicos de la
personalidad, lo que permitió establecer un diálogo entre la psicología y la
educación en el marco de la realidad costarricense e internacional.
El desarrollo del escrito se centró en mostrar cómo
características como la amabilidad, la responsabilidad, la apertura a la
experiencia, la extraversión y el neuroticismo pueden convertirse en factores
de riesgo o de protección en los procesos de aprendizaje y convivencia escolar.
Además, se expusieron hallazgos empíricos recientes que respaldan estas
relaciones y se destacó la necesidad de considerarlas en la práctica docente. Las
conclusiones señalan la importancia de incorporar la psicología de la
personalidad en la formación de los educadores, el potencial de las escuelas
imán para motivar a estudiantes con intereses diversos, la relevancia de
promover programas que fortalezcan la comunicación entre padres e hijos, y la
inclusión de lecciones de aprendizajes para la vida. Estas medidas permitirían
una educación integral, capaz de atender la diversidad de personalidades y de
mejorar la calidad de los procesos educativos.
Palabras clave. Psicología de la
personalidad, Rasgos de personalidad, Motivación del estudiante, Convivencia
escolar.
IMPACT OF PERSONALITY TRAITS ON EDUCATIONAL PROCESSES: A PSYCHOLOGICAL
APPROACH FROM THE FIVE-FACTOR MODEL
Edi Adrián Brenes
Fallas, [email protected]
Received: February 23, 2026
Accepted: May 29, 2026
Abstract. This essay aims to analyze the influence of the Big
Five personality traits on recurrent issues in the educational field, as well
as to propose alternatives that strengthen both academic performance and
students’ socio-emotional development. Based on a review of scientific
literature and official documents, the study identified highly relevant
situations such as bullying, low academic confidence, lack of interest in
school subjects, and difficulties in teamwork. Each of these problems was
linked to specific personality traits, which allowed establishing a dialogue
between psychology and education in both the Costa Rican and international
context. The discussion focused on showing how traits such as agreeableness,
conscientiousness, openness to experience, extraversion, and neuroticism can
become either risk or protective factors in learning processes and school
coexistence. In addition, recent empirical findings supporting these
relationships were presented, highlighting the need to consider them in
educational practice. The conclusions emphasize the importance of incorporating
personality psychology into teacher training programs, the potential of magnet
schools to motivate students with diverse interests, the relevance of promoting
initiatives that strengthen parent–child communication, and the inclusion of
“life skills” lessons in school curricula. These measures would contribute to a
more comprehensive education, capable of addressing personality diversity while
enhancing the quality of educational processes.
Keywords. Personality Psychology, Personality Traits, Student Motivation, School Coexistence.
1.
INTRODUCCIÓN
En
el ámbito educativo contemporáneo, uno de los grandes retos consiste en
comprender por qué algunos estudiantes logran adaptarse con mayor facilidad a
las demandas académicas, mientras que otros enfrentan obstáculos significativos
en su aprendizaje y en sus relaciones interpersonales. La psicología de la
personalidad ofrece un marco sólido para responder a este interrogante, ya que
permite analizar cómo ciertos rasgos influyen en la motivación, la confianza,
la cooperación y la forma de enfrentar la presión escolar.
Este
artículo parte de la siguiente hipótesis: ¿pueden los cinco grandes rasgos de
personalidad explicar la aparición de problemáticas frecuentes en el entorno
educativo y, a la vez, orientar propuestas que fortalezcan el desarrollo
académico y social de los estudiantes?
A
lo largo de este escrito se expondrá cómo estos rasgos (la amabilidad, la
responsabilidad, la apertura a la experiencia, la extraversión y el
neuroticismo) se relacionan con situaciones concretas de la vida escolar, tales
como el bullying, la baja confianza académica, el desinterés por las materias o
las dificultades en el trabajo en equipo. De esta manera, se pretende abrir un
espacio de reflexión que vincule la psicología de la personalidad con la
práctica educativa, proponiendo alternativas que contribuyan a una formación
más integral y adaptada a la diversidad estudiantil.
2.
DESARROLLO
La
educación constituye uno de los pilares más relevantes para el avance humano,
ya que impulsa la transmisión de conocimientos y la capacidad de adaptación a
los cambios sociales y científicos. En este sentido, debe ser un proceso
dinámico, en constante transformación, que incorpore nuevos descubrimientos y
avances, al mismo tiempo que busca eliminar las barreras que dificultan el
aprendizaje y la inclusión de todos los estudiantes.
Por
su parte, la psicología desempeña un papel determinante en este proceso, pues
brinda las herramientas necesarias para comprender cómo aprenden las personas y
cuáles son las condiciones que favorecen u obstaculizan dicho proceso. A través
de esta disciplina es posible identificar y diseñar estrategias educativas más
eficientes, adaptadas a la diversidad estudiantil y orientadas a potenciar sus
capacidades individuales. Por lo anterior, en este escrito se establece la
imperiosa necesidad de unir ambas disciplinas, con la esperanza de fortalecer
los procesos educativos mediante aportes psicológicos que permitan comprender
mejor a los estudiantes y diseñar prácticas pedagógicas más efectivas.
A lo largo de la historia, los seres humanos han hecho esfuerzos
considerables por entender la mente; la manera en la que las personas procesan
la información y su respectiva toma de decisiones. Como resultado de este
proceso acumulativo, la psicología contemporánea ha dado lugar a la definición
de una serie de características de la personalidad. Para esta revisión, se
tomará en cuenta una teoría representada en un conjunto llamado “The Big 5” o
Modelo de los 5 Factores. Este modelo pretende analizar el comportamiento
humano y las diferencias conductuales de las personas mediante la medición de
estas variables (Kabigting, 2021).
Estos cinco
grandes rasgos de personalidad incluyen la extraversión, asociada con la
sociabilidad y la energía; la amabilidad, vinculada a la cooperación y la
empatía; la responsabilidad, relacionada con la autodisciplina y la
organización; el neuroticismo, definido por la vulnerabilidad emocional y la
tendencia a experimentar ansiedad y por último, la apertura a la experiencia,
que refleja curiosidad intelectual e imaginación (Costa & McCrae, 1992).
En estas
dimensiones, los niveles altos o bajos generan características personales
observables que, en muchos casos, permiten incluso predecir ciertos
comportamientos. A continuación, se presentan las particularidades asociadas a
cada rasgo en sus distintos niveles:
1. Extraversión
Alto
nivel: se manifiesta en personas
alegres, vivaces, sociables y activas. Suelen ser comunicativas, aventureras,
espontáneas y con alta energía. También pueden mostrarse vanidosas, indiscretas
o bulliciosas cuando el rasgo se expresa en exceso (Goldberg,
1990).
Bajo
nivel: caracteriza a individuos más
reservados, callados, modestos o distantes. Tienden a la pasividad, al
retraimiento social y en algunos casos al pesimismo o la falta de entusiasmo (Goldberg,
1990).
2. Amabilidad
Alto
nivel: implica confianza,
generosidad, cortesía, altruismo y cooperación. Las personas con alta
amabilidad tienden a ser tolerantes, empáticas, afectuosas y honestas, con
inclinación a la ayuda y a mantener relaciones cálidas (Goldberg,
1990).
Bajo
nivel: se relaciona con la
hostilidad, la agresividad y la desconfianza. En un nivel excesivamente bajo,
puede expresarse como irritabilidad, terquedad, espíritu crítico excesivo,
egoísmo, dogmatismo o incluso conductas vengativas y deshonestas (Goldberg,
1990).
3. Responsabilidad / Escrupulosidad
Alto
nivel: se refleja en persistencia,
disciplina, organización y confiabilidad. Incluye la capacidad de planificar,
ser puntual, responsable y cuidadoso en las tareas. También puede asociarse a
rigidez, formalidad excesiva o moralismo extremo en ciertos casos (Goldberg,
1990).
Bajo
nivel: aparece en forma de descuido,
negligencia o falta de constancia. Las personas pueden ser desordenadas,
impulsivas, inconstantes, poco fiables y proclives a la autoindulgencia (Goldberg,
1990).
4. Neuroticismo
Alto
nivel: implica una mayor tendencia a
experimentar emociones negativas como ansiedad, inseguridad, preocupación,
irritabilidad y vulnerabilidad al estrés. Estas personas suelen mostrar
inestabilidad emocional y dificultad para enfrentar situaciones de presión (Goldberg,
1990).
Bajo
nivel: se asocia a mayor estabilidad
y control emocional. Los individuos suelen ser más tranquilos, seguros de sí
mismos, resistentes al estrés y menos propensos a estados de ánimo negativos (Goldberg,
1990).
5. Apertura a la experiencia
Alto
nivel: se caracteriza por
curiosidad, creatividad, profundidad intelectual y sensibilidad estética.
Incluye originalidad, capacidad de reflexión, interés por el arte, la filosofía
y el conocimiento en general (Goldberg,
1990).
Bajo
nivel: refleja rigidez,
simplicidad, pensamiento estrecho o práctico sin apertura a lo abstracto. Puede
manifestarse como dificultad para la imaginación, falta de interés cultural o
preferencia exclusiva por lo convencional (Goldberg, 1990).
El Modelo de Cinco
Factores y su vínculo con problemáticas educativas presentes
La educación, en
todos sus niveles, enfrenta grandes retos; el alcance de la educación a zonas
marginales, carencia de recursos para la innovación y el mantenimiento a
niveles aceptables de métricas como la cantidad de estudiantes aprobados versus
los reprobados en un determinado ciclo, el interés mostrado por los alumnos en
actividades extracurriculares y en general una buena recepción por parte de los
mismos ante la dinámica educativa. En épocas actuales, es posible observar cómo
estas mediciones pueden traer resultados poco alentadores que generan gran
preocupación entre las autoridades educativas.
Con el propósito
de analizar este tema en un contexto general, a continuación, se presentan
escenarios donde el estudio de los principales rasgos de personalidad puede
contribuir a la búsqueda de soluciones a estas problemáticas:
Bullying y
convivencia académica
En
ambientes educativos, promover la cooperación y la amabilidad entre los alumnos
constituye un pilar esencial para el funcionamiento armónico de la sociedad
estudiantil. No obstante, en ocasiones surgen problemáticas cuando algunos
estudiantes presentan rasgos opuestos a estos valores, lo que dificulta la
labor docente de incentivar conductas éticas y solidarias. Este escrito
refuerza la importancia de comprender en profundidad las características
personales de los estudiantes, considerando el rasgo de amabilidad en sus
distintos niveles.
El
fenómeno del bullying no puede entenderse únicamente dentro de las
instituciones educativas, sino que se origina y se alimenta de factores
presentes en el hogar y la comunidad. El Informe final sobre acoso escolar en
Costa Rica (Ministerio de Educación Pública [MEP], 2023) señala que, según la
opinión de orientadores y autoridades escolares, las dinámicas familiares
caracterizadas por la falta de comunicación y valores además de ambientes
violentos predisponen a los estudiantes a reproducir conductas agresivas en
centros educativos. En algunos casos, los padres transmiten formas inadecuadas
de enfrentar los conflictos: promover la defensa a través de la violencia, o
caso opuesto recomendar el silencio y la evasión, lo cual puede intensificar el
problema. En esta misma investigación, docentes y orientadores(as) también
destacaron la ausencia de una enseñanza en “habilidades para la vida” como
parte de la malla curricular en la educación costarricense, como factor que
exacerba esta y otras problemáticas a nivel social. Por otro lado, también se
mencionó el impacto de dinámicas sociales más amplias, como la violencia
presente en los barrios, que refuerza la normalización de conductas agresivas
entre los estudiantes.
En
este caso, es posible, más allá de las razones y escenarios ya mencionados por
los cuales la violencia se intensifica en las aulas, determinar una relación
entre la práctica del bullying con bajos niveles de amabilidad. Zhang,
Li, Tan, Zhang, Zhao y Chen (2021) plantean que niveles bajos de amabilidad se
asocian con una mayor propensión a conductas de agresión entre pares, mientras
que una amabilidad alta disminuye significativamente dicha probabilidad.
Como
se expuso en la sección explicativa de los rasgos de personalidad, los
individuos con niveles bajos de amabilidad suelen mostrar menor empatía, lo que
puede llevarlos a no considerar el impacto de sus acciones en los demás y, en
consecuencia, a manifestar conductas agresivas. De manera opuesta, por la
naturaleza empática y aversa al conflicto de las personas con una amabilidad
alta, pueden por su parte, ser víctimas de acoso escolar con una mayor
frecuencia.
Ante
estos escenarios, Zhang, Li, Tan, Zhang, Zhao y Chen (2021) sostienen que tanto
quienes ejercen el acoso como quienes lo padecen experimentarían un contexto
más favorable si lograran reducir sus niveles de soledad percibida, factor que
exacerba los aspectos negativos de ambos umbrales de amabilidad. Los autores
indican que esto significa una esperanza y potencial herramienta a utilizar
para reducir esta problemática.
Baja confianza
académica
En este escenario,
se visita el tema emocional y su relación con el éxito académico, Acá es
posible determinar cómo los aspectos emocionales juegan un papel clave en los
resultados obtenidos por los estudiantes. Meza, Suárez y Agüero (2015), señalan
en su investigación sobre la actitud hacia la resolución de problemas
matemáticos en la educación media costarricense, que el 20% de los estudiantes
participantes del estudio tenían una actitud negativa ante las asignaturas que
conllevan naturaleza numérica, mientras de que un 50% presentaron una actitud
regular o media, es decir, no es totalmente positiva, ya que aquellos que
tienen una actitud positiva, corresponden solo al 30% aproximadamente.
Los
detalles anteriores no deben limitarse únicamente a las matemáticas, pues esta
percepción negativa puede trasladarse a cualquier asignatura, ya sea por
experiencias personales desfavorables o por las opiniones de terceros respecto
a alguna materia determinada, y así afectar el desempeño académico. Este
fenómeno puede tener una estrecha relación con una baja autoeficacia, entendida
como la creencia que tienen las personas acerca de sus propias capacidades para
organizar y ejecutar las acciones necesarias con el fin de alcanzar
determinados objetivos (Bandura, 1997).
La
relación de esta problemática con los rasgos de personalidad se observa
especialmente en quienes presentan niveles altos de neuroticismo. La
predisposición de estas personas a verse emocionalmente afectadas por la
dificultad de ciertas asignaturas, o por la percepción social de que son
materias complejas, convierte su proceso de aprendizaje en un desafío
considerable, ya que suelen adoptar estrategias poco eficaces para enfrentar
esta situación (Varo, Martínez-Íñigo, y de la Fuente, 2023).
Como
una solución a una baja autoeficacia, Bandura (1997)
planteó que la autoeficacia se fortalece principalmente a través de las
experiencias de dominio, es decir, cuando una persona logra completar con éxito
diferentes tareas. Para que este proceso sea efectivo, resulta clave que los
desafíos se presenten de manera progresiva: iniciar con actividades alcanzables
y luego avanzar hacia retos de mayor complejidad.
Como complemento a
este fortalecimiento de la autoeficacia mediante experiencias de dominio,
también es importante considerar factores emocionales que influyen en el
bienestar estudiantil. En la adolescencia, el neuroticismo alto se ha
identificado como un factor de riesgo significativo para el desarrollo de
síntomas depresivos, los cuales también pueden tener influencia en el desempeño
académico. Sin embargo, la autocompasión puede funcionar como un moderador
protector en esta relación (Wang y Wu, 2023). Estos autores señalan que, la
autocompasión se asocia de manera negativa tanto con el neuroticismo como con
la depresión, lo que implica que los estudiantes que cultivan esta práctica
presentan menor vulnerabilidad a estados depresivos incluso en presencia de
altos niveles de inestabilidad emocional.
Desinterés
y falta de motivación
Reconociendo
que los procesos educativos incluyen diversas dinámicas diseñadas para
optimizar el aprendizaje en cada asignatura, y considerando que los estudiantes
presentan personalidades, fortalezas y áreas de mejora distintas, resulta
especialmente relevante atender uno de los problemas más graves de la educación
contemporánea: el desinterés de los alumnos por aprender los contenidos de las
materias.
Estas
conclusiones son respaldadas por las investigaciones de Friedrich y Schütz
(2023), quienes encontraron que existe una correlación positiva entre niveles
altos de responsabilidad y el rendimiento académico, potenciando incluso el
efecto de la inteligencia. De esta manera, la responsabilidad se configura como
un predictor independiente de éxito académico, lo que también implica, por su
parte, que bajos niveles en este rasgo pueden tener el efecto opuesto y derivar
en dificultades escolares, por lo que es necesario motivar a estas personas de
manera individual, intentando asociar sus intereses con las asignaturas.
Por otro lado, la apertura a la experiencia es también
un factor a considerar, este no se manifiesta solamente de manera positiva o
negativa, sino que se divide en dos facetas con efectos distintos en el
aprendizaje. La apertura intelectual, caracterizada por la preferencia por la
estimulación cognitiva, las actividades académicas y el compromiso con el
esfuerzo mental, se ha asociado de forma positiva con el rendimiento escolar.
En contraste, la apertura sensorial-estética, vinculada con la exploración perceptual,
la imaginación y la creatividad, puede dificultar el desempeño (Gatzka 2018).
La declaración que se comparte en este escrito es que,
ante la naturaleza rígida de algunos procesos educativos, las personas con
apertura a este tipo de experiencias pueden perder interés en estos procesos.
Gatzka
(2018) también señala que ignorar estas dos dimensiones opuestas puede llevar a
conclusiones erróneas sobre la relación entre la apertura y el logro académico,
lo que dificultaría un diagnóstico sobre las motivaciones de los estudiantes
para tener éxito académico. Considerando los conceptos anteriores, puede
afirmarse que resulta fundamental que las dinámicas educativas cuenten con
procesos de aprendizaje bien estructurados, pero que, al mismo tiempo, otorguen
a los estudiantes la libertad de incorporar formas creativas para abordar los
problemas, de manera que se mantenga su interés y se favorezca la adaptación a
diferentes personalidades.
Dificultades
en el trabajo en equipo
Como una preparación al exigente mundo laboral, las instituciones
educativas promueven interacciones entre los estudiantes mediante la asignación
de proyectos y trabajos de investigación. Esta
dinámica de colaboración grupal favorece la coordinación con las demás
personas, además de fortalecer la planificación, mientras se mantiene la
responsabilidad individual. Estas características son cruciales para una gran
mayoría de ambientes sociales, tal como lo destacan Wilson et al. (2018),
quienes señalan que el trabajo asignado en grupos mejora el rendimiento
académico, fomenta la persistencia estudiantil y contribuye a actitudes más
positivas hacia las asignaturas científicas.
Como se ha realizado a lo largo de este escrito, resulta imperativo
relacionar este escenario a los rasgos de personalidad. Particularmente puede
encontrarse relación entre las problemáticas de trabajo en equipo con los
rasgos de extroversión, responsabilidad y amabilidad en cualquiera de sus
niveles (Curşeu,
Ilies, Vîrgă, Maricuţoiu y
Sava, 2018). Los autores encontraron que estos rasgos de personalidad son los
que generalmente se asocian con el éxito en colaboraciones grupales. Sin
embargo, proponen como salvedad, que los niveles adecuados para optimizar el
trabajo grupal deben situarse en la media.
Un
nivel elevado de extraversión en los miembros de un equipo de trabajo puede
generar desvíos respecto a las tareas, ya que los individuos tienden a
centrarse en sus propias habilidades y en el rol de liderazgo que disfrutan
ejercer. Este comportamiento, motivado por el deseo de visibilidad, puede
favorecer dinámicas autoritarias dentro del grupo (Curşeu,
Ilies, Vîrgă, Maricuţoiu y
Sava, 2018).
Explorando
el caso contrario, en personas con un nivel bajo de extraversión se
observa una relación favorable entre su nivel de participación escolar y su
autoestima. La implicación académica les brinda una plataforma para
experimentar un sentido de realización y, a la vez, motivarse a participar de
manera más activa en los trabajos grupales. Además, los estudiantes
introvertidos suelen destacar por su capacidad de analizar con mayor
profundidad las ideas de los demás, lo que aporta un equilibrio saludable a la
dinámica de los equipos, sin embargo, pueden sentirse excluidos en la toma de
decisiones y en participación general (Tuovinen, Tang y Salmela-Aro, 2020).
Adicional
a lo anterior, las personas con un nivel bajo de amabilidad pueden enfrentar
dificultades en la interacción y comprensión de los demás, ya que este rasgo se
ha relacionado positivamente con emociones negativas como el rencor, rigidez en
las negociaciones y con conductas de venganza (McCullough, Bellah, Kilpatrick y
Johnson, 2001, como se citó en Anderson et al., 2004).
Es importante
considerar, además, la posibilidad de que la baja amabilidad coexista con
niveles altos de neuroticismo, rasgo que se encuentra fuertemente vinculado con
la agresión (Anderson et al., 2004). Debido a esto, resulta fundamental
considerar la presencia de baja amabilidad en algunos estudiantes con el fin de
favorecer una integración adecuada con sus compañeros, aun cuando no
manifiesten de manera directa tendencias agresivas o emociones negativas.
La
selección de las problemáticas abordadas en este escrito responde a tres
criterios principales: su alta presencia en la realidad educativa costarricense
e internacional, su relevancia observable en el desempeño académico y social de
los estudiantes, y la posibilidad de analizarlas a través del modelo de los
cinco grandes rasgos de personalidad.
De
esta manera, problemáticas como el bullying y la convivencia académica, la baja
confianza académica, el desinterés y falta de motivación, así como las
dificultades en el trabajo en equipo, permiten articular un diálogo entre
educación y psicología que no solo describe los desafíos presentes, sino que
también abre la puerta a estrategias pedagógicas más adaptadas a las
características individuales de los estudiantes. Cabe destacar que estas no son
las únicas problemáticas que pueden surgir en los entornos educativos, por lo
que se anima a continuar realizando investigaciones que profundicen en otros
escenarios igualmente relevantes.
3. CONCLUSIONES
En
definitiva, el análisis realizado demuestra que las problemáticas educativas
vinculadas a la personalidad no pueden abordarse únicamente desde la
perspectiva pedagógica tradicional. Comprender los rasgos de personalidad
ofrece una vía sólida para diseñar estrategias que se adapten mejor a las
características individuales de los estudiantes y fortalezcan tanto su
desempeño académico como su desarrollo social.
A
partir de lo expuesto, se proponen varias acciones concretas:
Estas medidas permitirían enfrentar con mayor eficacia
los retos actuales de la educación y abrirían la puerta a una formación más
integral, donde el componente académico se complemente con el desarrollo
emocional y social de los estudiantes.
4.
CITAS
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