Revista Académica Institucional RAI

Sección Escritos especializados

Edición 15

Volumen 9

ISSN: 2953-769X

Julio- Diciembre, 2026

 

IMPACTO DE LOS RASGOS DE PERSONALIDAD EN LOS PROCESOS EDUCATIVOS: UNA APROXIMACIÓN PSICOLÓGICA DESDE EL MODELO DE CINCO FACTORES

 

Edi Adrián Brenes Fallas, [email protected]

Amazon Support Services Costa Rica, Machine Learning Data Associate, San José, Costa Rica

Código ORCID https://orcid.org/0009-0001-8188-5108

 

DOI: https://doi.org/10.64183/stdecz73

 

Recibido: 23 de febrero de 2026 

Aceptado: 29 de mayo de 2026

 

 

Resumen. El presente ensayo tiene como objetivo analizar la influencia de los cinco grandes rasgos de personalidad en problemáticas recurrentes del ámbito educativo, así como proponer alternativas que fortalezcan tanto el desempeño académico como el desarrollo socioemocional de los estudiantes. A partir de una revisión de literatura científica y de documentos oficiales, se identificaron situaciones de especial relevancia como el bullying, la baja confianza académica, el desinterés por los contenidos escolares y las dificultades en el trabajo en equipo. Cada problemática se relacionó con rasgos específicos de la personalidad, lo que permitió establecer un diálogo entre la psicología y la educación en el marco de la realidad costarricense e internacional.

El desarrollo del escrito se centró en mostrar cómo características como la amabilidad, la responsabilidad, la apertura a la experiencia, la extraversión y el neuroticismo pueden convertirse en factores de riesgo o de protección en los procesos de aprendizaje y convivencia escolar. Además, se expusieron hallazgos empíricos recientes que respaldan estas relaciones y se destacó la necesidad de considerarlas en la práctica docente. Las conclusiones señalan la importancia de incorporar la psicología de la personalidad en la formación de los educadores, el potencial de las escuelas imán para motivar a estudiantes con intereses diversos, la relevancia de promover programas que fortalezcan la comunicación entre padres e hijos, y la inclusión de lecciones de aprendizajes para la vida. Estas medidas permitirían una educación integral, capaz de atender la diversidad de personalidades y de mejorar la calidad de los procesos educativos.

Palabras clave. Psicología de la personalidad, Rasgos de personalidad, Motivación del estudiante, Convivencia escolar.

 

IMPACT OF PERSONALITY TRAITS ON EDUCATIONAL PROCESSES: A PSYCHOLOGICAL APPROACH FROM THE FIVE-FACTOR MODEL

 

Edi Adrián Brenes Fallas, [email protected]

 

Received: February 23, 2026
Accepted:
May 29, 2026

Abstract. This essay aims to analyze the influence of the Big Five personality traits on recurrent issues in the educational field, as well as to propose alternatives that strengthen both academic performance and students’ socio-emotional development. Based on a review of scientific literature and official documents, the study identified highly relevant situations such as bullying, low academic confidence, lack of interest in school subjects, and difficulties in teamwork. Each of these problems was linked to specific personality traits, which allowed establishing a dialogue between psychology and education in both the Costa Rican and international context. The discussion focused on showing how traits such as agreeableness, conscientiousness, openness to experience, extraversion, and neuroticism can become either risk or protective factors in learning processes and school coexistence. In addition, recent empirical findings supporting these relationships were presented, highlighting the need to consider them in educational practice. The conclusions emphasize the importance of incorporating personality psychology into teacher training programs, the potential of magnet schools to motivate students with diverse interests, the relevance of promoting initiatives that strengthen parent–child communication, and the inclusion of “life skills” lessons in school curricula. These measures would contribute to a more comprehensive education, capable of addressing personality diversity while enhancing the quality of educational processes.

 

Keywords. Personality Psychology, Personality Traits, Student Motivation, School Coexistence.

1.      INTRODUCCIÓN

En el ámbito educativo contemporáneo, uno de los grandes retos consiste en comprender por qué algunos estudiantes logran adaptarse con mayor facilidad a las demandas académicas, mientras que otros enfrentan obstáculos significativos en su aprendizaje y en sus relaciones interpersonales. La psicología de la personalidad ofrece un marco sólido para responder a este interrogante, ya que permite analizar cómo ciertos rasgos influyen en la motivación, la confianza, la cooperación y la forma de enfrentar la presión escolar.

Este artículo parte de la siguiente hipótesis: ¿pueden los cinco grandes rasgos de personalidad explicar la aparición de problemáticas frecuentes en el entorno educativo y, a la vez, orientar propuestas que fortalezcan el desarrollo académico y social de los estudiantes?

A lo largo de este escrito se expondrá cómo estos rasgos (la amabilidad, la responsabilidad, la apertura a la experiencia, la extraversión y el neuroticismo) se relacionan con situaciones concretas de la vida escolar, tales como el bullying, la baja confianza académica, el desinterés por las materias o las dificultades en el trabajo en equipo. De esta manera, se pretende abrir un espacio de reflexión que vincule la psicología de la personalidad con la práctica educativa, proponiendo alternativas que contribuyan a una formación más integral y adaptada a la diversidad estudiantil.

2.      DESARROLLO

La educación constituye uno de los pilares más relevantes para el avance humano, ya que impulsa la transmisión de conocimientos y la capacidad de adaptación a los cambios sociales y científicos. En este sentido, debe ser un proceso dinámico, en constante transformación, que incorpore nuevos descubrimientos y avances, al mismo tiempo que busca eliminar las barreras que dificultan el aprendizaje y la inclusión de todos los estudiantes.

Por su parte, la psicología desempeña un papel determinante en este proceso, pues brinda las herramientas necesarias para comprender cómo aprenden las personas y cuáles son las condiciones que favorecen u obstaculizan dicho proceso. A través de esta disciplina es posible identificar y diseñar estrategias educativas más eficientes, adaptadas a la diversidad estudiantil y orientadas a potenciar sus capacidades individuales. Por lo anterior, en este escrito se establece la imperiosa necesidad de unir ambas disciplinas, con la esperanza de fortalecer los procesos educativos mediante aportes psicológicos que permitan comprender mejor a los estudiantes y diseñar prácticas pedagógicas más efectivas.

A lo largo de la historia, los seres humanos han hecho esfuerzos considerables por entender la mente; la manera en la que las personas procesan la información y su respectiva toma de decisiones. Como resultado de este proceso acumulativo, la psicología contemporánea ha dado lugar a la definición de una serie de características de la personalidad. Para esta revisión, se tomará en cuenta una teoría representada en un conjunto llamado “The Big 5” o Modelo de los 5 Factores. Este modelo pretende analizar el comportamiento humano y las diferencias conductuales de las personas mediante la medición de estas variables (Kabigting, 2021).

Estos cinco grandes rasgos de personalidad incluyen la extraversión, asociada con la sociabilidad y la energía; la amabilidad, vinculada a la cooperación y la empatía; la responsabilidad, relacionada con la autodisciplina y la organización; el neuroticismo, definido por la vulnerabilidad emocional y la tendencia a experimentar ansiedad y por último, la apertura a la experiencia, que refleja curiosidad intelectual e imaginación (Costa & McCrae, 1992).

En estas dimensiones, los niveles altos o bajos generan características personales observables que, en muchos casos, permiten incluso predecir ciertos comportamientos. A continuación, se presentan las particularidades asociadas a cada rasgo en sus distintos niveles:

1.      Extraversión

Alto nivel: se manifiesta en personas alegres, vivaces, sociables y activas. Suelen ser comunicativas, aventureras, espontáneas y con alta energía. También pueden mostrarse vanidosas, indiscretas o bulliciosas cuando el rasgo se expresa en exceso (Goldberg, 1990).

Bajo nivel: caracteriza a individuos más reservados, callados, modestos o distantes. Tienden a la pasividad, al retraimiento social y en algunos casos al pesimismo o la falta de entusiasmo (Goldberg, 1990).

2.       Amabilidad

Alto nivel: implica confianza, generosidad, cortesía, altruismo y cooperación. Las personas con alta amabilidad tienden a ser tolerantes, empáticas, afectuosas y honestas, con inclinación a la ayuda y a mantener relaciones cálidas (Goldberg, 1990).

Bajo nivel: se relaciona con la hostilidad, la agresividad y la desconfianza. En un nivel excesivamente bajo, puede expresarse como irritabilidad, terquedad, espíritu crítico excesivo, egoísmo, dogmatismo o incluso conductas vengativas y deshonestas (Goldberg, 1990).

3.      Responsabilidad / Escrupulosidad

Alto nivel: se refleja en persistencia, disciplina, organización y confiabilidad. Incluye la capacidad de planificar, ser puntual, responsable y cuidadoso en las tareas. También puede asociarse a rigidez, formalidad excesiva o moralismo extremo en ciertos casos (Goldberg, 1990).

Bajo nivel: aparece en forma de descuido, negligencia o falta de constancia. Las personas pueden ser desordenadas, impulsivas, inconstantes, poco fiables y proclives a la autoindulgencia (Goldberg, 1990).

4.      Neuroticismo

Alto nivel: implica una mayor tendencia a experimentar emociones negativas como ansiedad, inseguridad, preocupación, irritabilidad y vulnerabilidad al estrés. Estas personas suelen mostrar inestabilidad emocional y dificultad para enfrentar situaciones de presión (Goldberg, 1990).

Bajo nivel: se asocia a mayor estabilidad y control emocional. Los individuos suelen ser más tranquilos, seguros de sí mismos, resistentes al estrés y menos propensos a estados de ánimo negativos (Goldberg, 1990).

5.      Apertura a la experiencia

Alto nivel: se caracteriza por curiosidad, creatividad, profundidad intelectual y sensibilidad estética. Incluye originalidad, capacidad de reflexión, interés por el arte, la filosofía y el conocimiento en general (Goldberg, 1990).

Bajo nivel: refleja rigidez, simplicidad, pensamiento estrecho o práctico sin apertura a lo abstracto. Puede manifestarse como dificultad para la imaginación, falta de interés cultural o preferencia exclusiva por lo convencional (Goldberg, 1990).

El Modelo de Cinco Factores y su vínculo con problemáticas educativas presentes

La educación, en todos sus niveles, enfrenta grandes retos; el alcance de la educación a zonas marginales, carencia de recursos para la innovación y el mantenimiento a niveles aceptables de métricas como la cantidad de estudiantes aprobados versus los reprobados en un determinado ciclo, el interés mostrado por los alumnos en actividades extracurriculares y en general una buena recepción por parte de los mismos ante la dinámica educativa. En épocas actuales, es posible observar cómo estas mediciones pueden traer resultados poco alentadores que generan gran preocupación entre las autoridades educativas.

Con el propósito de analizar este tema en un contexto general, a continuación, se presentan escenarios donde el estudio de los principales rasgos de personalidad puede contribuir a la búsqueda de soluciones a estas problemáticas:

Bullying y convivencia académica

En ambientes educativos, promover la cooperación y la amabilidad entre los alumnos constituye un pilar esencial para el funcionamiento armónico de la sociedad estudiantil. No obstante, en ocasiones surgen problemáticas cuando algunos estudiantes presentan rasgos opuestos a estos valores, lo que dificulta la labor docente de incentivar conductas éticas y solidarias. Este escrito refuerza la importancia de comprender en profundidad las características personales de los estudiantes, considerando el rasgo de amabilidad en sus distintos niveles.

El fenómeno del bullying no puede entenderse únicamente dentro de las instituciones educativas, sino que se origina y se alimenta de factores presentes en el hogar y la comunidad. El Informe final sobre acoso escolar en Costa Rica (Ministerio de Educación Pública [MEP], 2023) señala que, según la opinión de orientadores y autoridades escolares, las dinámicas familiares caracterizadas por la falta de comunicación y valores además de ambientes violentos predisponen a los estudiantes a reproducir conductas agresivas en centros educativos. En algunos casos, los padres transmiten formas inadecuadas de enfrentar los conflictos: promover la defensa a través de la violencia, o caso opuesto recomendar el silencio y la evasión, lo cual puede intensificar el problema. En esta misma investigación, docentes y orientadores(as) también destacaron la ausencia de una enseñanza en “habilidades para la vida” como parte de la malla curricular en la educación costarricense, como factor que exacerba esta y otras problemáticas a nivel social. Por otro lado, también se mencionó el impacto de dinámicas sociales más amplias, como la violencia presente en los barrios, que refuerza la normalización de conductas agresivas entre los estudiantes.

En este caso, es posible, más allá de las razones y escenarios ya mencionados por los cuales la violencia se intensifica en las aulas, determinar una relación entre la práctica del bullying con bajos niveles de amabilidad. Zhang, Li, Tan, Zhang, Zhao y Chen (2021) plantean que niveles bajos de amabilidad se asocian con una mayor propensión a conductas de agresión entre pares, mientras que una amabilidad alta disminuye significativamente dicha probabilidad.

Como se expuso en la sección explicativa de los rasgos de personalidad, los individuos con niveles bajos de amabilidad suelen mostrar menor empatía, lo que puede llevarlos a no considerar el impacto de sus acciones en los demás y, en consecuencia, a manifestar conductas agresivas. De manera opuesta, por la naturaleza empática y aversa al conflicto de las personas con una amabilidad alta, pueden por su parte, ser víctimas de acoso escolar con una mayor frecuencia.

Ante estos escenarios, Zhang, Li, Tan, Zhang, Zhao y Chen (2021) sostienen que tanto quienes ejercen el acoso como quienes lo padecen experimentarían un contexto más favorable si lograran reducir sus niveles de soledad percibida, factor que exacerba los aspectos negativos de ambos umbrales de amabilidad. Los autores indican que esto significa una esperanza y potencial herramienta a utilizar para reducir esta problemática.

Baja confianza académica

En este escenario, se visita el tema emocional y su relación con el éxito académico, Acá es posible determinar cómo los aspectos emocionales juegan un papel clave en los resultados obtenidos por los estudiantes. Meza, Suárez y Agüero (2015), señalan en su investigación sobre la actitud hacia la resolución de problemas matemáticos en la educación media costarricense, que el 20% de los estudiantes participantes del estudio tenían una actitud negativa ante las asignaturas que conllevan naturaleza numérica, mientras de que un 50% presentaron una actitud regular o media, es decir, no es totalmente positiva, ya que aquellos que tienen una actitud positiva, corresponden solo al 30% aproximadamente.

Los detalles anteriores no deben limitarse únicamente a las matemáticas, pues esta percepción negativa puede trasladarse a cualquier asignatura, ya sea por experiencias personales desfavorables o por las opiniones de terceros respecto a alguna materia determinada, y así afectar el desempeño académico. Este fenómeno puede tener una estrecha relación con una baja autoeficacia, entendida como la creencia que tienen las personas acerca de sus propias capacidades para organizar y ejecutar las acciones necesarias con el fin de alcanzar determinados objetivos (Bandura, 1997).

La relación de esta problemática con los rasgos de personalidad se observa especialmente en quienes presentan niveles altos de neuroticismo. La predisposición de estas personas a verse emocionalmente afectadas por la dificultad de ciertas asignaturas, o por la percepción social de que son materias complejas, convierte su proceso de aprendizaje en un desafío considerable, ya que suelen adoptar estrategias poco eficaces para enfrentar esta situación (Varo, Martínez-Íñigo, y de la Fuente, 2023).

Como una solución a una baja autoeficacia, Bandura (1997) planteó que la autoeficacia se fortalece principalmente a través de las experiencias de dominio, es decir, cuando una persona logra completar con éxito diferentes tareas. Para que este proceso sea efectivo, resulta clave que los desafíos se presenten de manera progresiva: iniciar con actividades alcanzables y luego avanzar hacia retos de mayor complejidad.

Como complemento a este fortalecimiento de la autoeficacia mediante experiencias de dominio, también es importante considerar factores emocionales que influyen en el bienestar estudiantil. En la adolescencia, el neuroticismo alto se ha identificado como un factor de riesgo significativo para el desarrollo de síntomas depresivos, los cuales también pueden tener influencia en el desempeño académico. Sin embargo, la autocompasión puede funcionar como un moderador protector en esta relación (Wang y Wu, 2023). Estos autores señalan que, la autocompasión se asocia de manera negativa tanto con el neuroticismo como con la depresión, lo que implica que los estudiantes que cultivan esta práctica presentan menor vulnerabilidad a estados depresivos incluso en presencia de altos niveles de inestabilidad emocional.

Desinterés y falta de motivación

Reconociendo que los procesos educativos incluyen diversas dinámicas diseñadas para optimizar el aprendizaje en cada asignatura, y considerando que los estudiantes presentan personalidades, fortalezas y áreas de mejora distintas, resulta especialmente relevante atender uno de los problemas más graves de la educación contemporánea: el desinterés de los alumnos por aprender los contenidos de las materias.

Estas conclusiones son respaldadas por las investigaciones de Friedrich y Schütz (2023), quienes encontraron que existe una correlación positiva entre niveles altos de responsabilidad y el rendimiento académico, potenciando incluso el efecto de la inteligencia. De esta manera, la responsabilidad se configura como un predictor independiente de éxito académico, lo que también implica, por su parte, que bajos niveles en este rasgo pueden tener el efecto opuesto y derivar en dificultades escolares, por lo que es necesario motivar a estas personas de manera individual, intentando asociar sus intereses con las asignaturas.

Por otro lado, la apertura a la experiencia es también un factor a considerar, este no se manifiesta solamente de manera positiva o negativa, sino que se divide en dos facetas con efectos distintos en el aprendizaje. La apertura intelectual, caracterizada por la preferencia por la estimulación cognitiva, las actividades académicas y el compromiso con el esfuerzo mental, se ha asociado de forma positiva con el rendimiento escolar. En contraste, la apertura sensorial-estética, vinculada con la exploración perceptual, la imaginación y la creatividad, puede dificultar el desempeño (Gatzka 2018).

La declaración que se comparte en este escrito es que, ante la naturaleza rígida de algunos procesos educativos, las personas con apertura a este tipo de experiencias pueden perder interés en estos procesos.

Gatzka (2018) también señala que ignorar estas dos dimensiones opuestas puede llevar a conclusiones erróneas sobre la relación entre la apertura y el logro académico, lo que dificultaría un diagnóstico sobre las motivaciones de los estudiantes para tener éxito académico. Considerando los conceptos anteriores, puede afirmarse que resulta fundamental que las dinámicas educativas cuenten con procesos de aprendizaje bien estructurados, pero que, al mismo tiempo, otorguen a los estudiantes la libertad de incorporar formas creativas para abordar los problemas, de manera que se mantenga su interés y se favorezca la adaptación a diferentes personalidades.

Dificultades en el trabajo en equipo

Como una preparación al exigente mundo laboral, las instituciones educativas promueven interacciones entre los estudiantes mediante la asignación de proyectos y trabajos de investigación. Esta dinámica de colaboración grupal favorece la coordinación con las demás personas, además de fortalecer la planificación, mientras se mantiene la responsabilidad individual. Estas características son cruciales para una gran mayoría de ambientes sociales, tal como lo destacan Wilson et al. (2018), quienes señalan que el trabajo asignado en grupos mejora el rendimiento académico, fomenta la persistencia estudiantil y contribuye a actitudes más positivas hacia las asignaturas científicas.

Como se ha realizado a lo largo de este escrito, resulta imperativo relacionar este escenario a los rasgos de personalidad. Particularmente puede encontrarse relación entre las problemáticas de trabajo en equipo con los rasgos de extroversión, responsabilidad y amabilidad en cualquiera de sus niveles (Curşeu, Ilies, Vîrgă, Maricuţoiu y Sava, 2018). Los autores encontraron que estos rasgos de personalidad son los que generalmente se asocian con el éxito en colaboraciones grupales. Sin embargo, proponen como salvedad, que los niveles adecuados para optimizar el trabajo grupal deben situarse en la media.

Un nivel elevado de extraversión en los miembros de un equipo de trabajo puede generar desvíos respecto a las tareas, ya que los individuos tienden a centrarse en sus propias habilidades y en el rol de liderazgo que disfrutan ejercer. Este comportamiento, motivado por el deseo de visibilidad, puede favorecer dinámicas autoritarias dentro del grupo (Curşeu, Ilies, Vîrgă, Maricuţoiu y Sava, 2018).

 Explorando el caso contrario, en personas con un nivel bajo de extraversión se observa una relación favorable entre su nivel de participación escolar y su autoestima. La implicación académica les brinda una plataforma para experimentar un sentido de realización y, a la vez, motivarse a participar de manera más activa en los trabajos grupales. Además, los estudiantes introvertidos suelen destacar por su capacidad de analizar con mayor profundidad las ideas de los demás, lo que aporta un equilibrio saludable a la dinámica de los equipos, sin embargo, pueden sentirse excluidos en la toma de decisiones y en participación general (Tuovinen, Tang y Salmela-Aro, 2020).

Adicional a lo anterior, las personas con un nivel bajo de amabilidad pueden enfrentar dificultades en la interacción y comprensión de los demás, ya que este rasgo se ha relacionado positivamente con emociones negativas como el rencor, rigidez en las negociaciones y con conductas de venganza (McCullough, Bellah, Kilpatrick y Johnson, 2001, como se citó en Anderson et al., 2004).

Es importante considerar, además, la posibilidad de que la baja amabilidad coexista con niveles altos de neuroticismo, rasgo que se encuentra fuertemente vinculado con la agresión (Anderson et al., 2004). Debido a esto, resulta fundamental considerar la presencia de baja amabilidad en algunos estudiantes con el fin de favorecer una integración adecuada con sus compañeros, aun cuando no manifiesten de manera directa tendencias agresivas o emociones negativas.

La selección de las problemáticas abordadas en este escrito responde a tres criterios principales: su alta presencia en la realidad educativa costarricense e internacional, su relevancia observable en el desempeño académico y social de los estudiantes, y la posibilidad de analizarlas a través del modelo de los cinco grandes rasgos de personalidad.

De esta manera, problemáticas como el bullying y la convivencia académica, la baja confianza académica, el desinterés y falta de motivación, así como las dificultades en el trabajo en equipo, permiten articular un diálogo entre educación y psicología que no solo describe los desafíos presentes, sino que también abre la puerta a estrategias pedagógicas más adaptadas a las características individuales de los estudiantes. Cabe destacar que estas no son las únicas problemáticas que pueden surgir en los entornos educativos, por lo que se anima a continuar realizando investigaciones que profundicen en otros escenarios igualmente relevantes.

3.      CONCLUSIONES

En definitiva, el análisis realizado demuestra que las problemáticas educativas vinculadas a la personalidad no pueden abordarse únicamente desde la perspectiva pedagógica tradicional. Comprender los rasgos de personalidad ofrece una vía sólida para diseñar estrategias que se adapten mejor a las características individuales de los estudiantes y fortalezcan tanto su desempeño académico como su desarrollo social.

A partir de lo expuesto, se proponen varias acciones concretas:

  1. Integrar contenidos de psicología básica y de la personalidad en la formación universitaria de los educadores en general, con el fin de dotarlos de herramientas para reconocer y acompañar la diversidad de sus alumnos en materia de sus rasgos de personalidad.
  2. Desarrollar escuelas imán, estas son instituciones educativas que se distinguen por ofrecer programas temáticos innovadores en áreas como ciencias, artes o idiomas, y que buscan atraer a los estudiantes mediante un currículo alineado con sus intereses (Magnet Schools of America, s. f.). En este sentido, el metaanálisis de Wang, Herman y Dockterman (2018) reporta que los estudiantes de escuelas imán en los Estados Unidos obtuvieron mejores resultados en matemáticas y lectura en comparación con algunos de sus pares en escuelas regulares, además de mostrar una mayor capacidad de aprendizaje y menores tasas de abandono escolar. Estos beneficios se asocian al hecho de que las escuelas imán orientan su currículo hacia áreas temáticas de interés para los estudiantes, lo que incrementa su motivación y compromiso, por lo que valorar este modelo educativo se perfila como una posibilidad de mejorar la educación.
  3. Impulsar programas y charlas dirigidas a las familias para mejorar la comunicación y disminuir la soledad, factor clave en la aparición del bullying.
  4. Incluir en los planes escolares lecciones de “aprendizajes para la vida”, que vayan más allá de los contenidos académicos y se centren en habilidades esenciales como la resiliencia, el trabajo en equipo y la responsabilidad. Estas lecciones pueden complementarse con actividades lúdicas, como retos o dinámicas breves de juego que dejen una reflexión significativa, pero también con espacios de conversación y análisis grupal donde los estudiantes puedan compartir experiencias y construir aprendizajes desde la interacción y el diálogo.

Estas medidas permitirían enfrentar con mayor eficacia los retos actuales de la educación y abrirían la puerta a una formación más integral, donde el componente académico se complemente con el desarrollo emocional y social de los estudiantes.

4.      CITAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Anderson, C. A., & Bushman, B. J. (2004). Human aggression. Annual Review of Psychology, 53(1), 27–51. https://doi.org/10.1146/annurev.psych.53.100901.135231

Bandura, A. (1997). Self-efficacy: The exercise of control. W. H. Freeman.

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